A diario debo transitar por los pasillos de una gran empresa para la que trabajo, y justo en el más transitado hay tres máquinas dispensadoras de alimentos: una de bebidas y jugos, una de té y café y otra de pequeños bocadillos como quequitos y paquetes de ramitas o papas fritas.
Estaría mintiendo si dijera que no me afecta el hecho de que estas máquinas estén allí. Porque la verdad es que cada vez que paso por dicho lugar me dan muchas ganas de sacar algun jugo, un paquete de ramitas o de galletas de soda, todo esto, aunque no tenga ni un ápice de hambre.
Creo que la simple presencia de estas máquinas condicionan el deseo alimenticio de las personas, pero al mismo tiempo, su existencia se hace necesaria para poder desarrollar los momentos de distensión alrededor de un vasito de té, que tan imprescindibles se hacen entre las largas jornadas de arduo trabajo.


Un Comentario
te comento